sábado, 2 de mayo de 2009

El partido de Miguel


El partido más importante para un xerecista en grado superlativo no se libra este fin de semana en Elche, ni el siguiente en Gerona, ni la otra semana en casa ante el Castellón de Dani Pendín. El choque más importante para este aficionado de los de verdad se libra día a día, hora a hora, minuto a minuto, entre las cuatro paredes blancas de una habitación de hospital. Me dicen que Miguel Doña no anda bien, y sólo le pido a Dios que le dé el tiempo y la lucidez suficientes para que pueda ver al equipo de sus amores ascender a Primera división. Y si, de paso, el Altísimo tiene a bien concederle una prórroga y podemos verle de nuevo la temporada próxima sentado en su asiento de Chapín viendo al Barcelona, al Madrid, al Atlético, al Sevilla...¿Se imaginan un broche mejor para una vida tan azul y tan blanca?En una semana en la que, no repuestos aún de la marcha de Rafael Maraver, nos ha dicho también adiós el bueno de Juan Sánchez, la noticia sobre el estado de Miguel es otro jarro de agua fría. No hará más de un par de años, tuve el placer de compartir con él mesa y micrófono en una entrevista para el programa "Jerezanísimos", de Radio Jerez. En ella hablamos de sus años en el Domecq y en Chapín, de los goles que había dejado de ver a su equipo porque estaba en pleno recuento de la recaudación del partido, que aunque habitualmente no era mucha, siempre llevaba su tiempo. Aunque no lo dio a conocer, porque ante todo es un caballero, me dejó entrever cierta desilusión por cómo, de la noche a la mañana, el club había dejado de contar con sus servicios tras décadas asumiendo una responsabilidad poco grata y mal remunerada. He de decir que al programa vino engañado por su hijo Miguel, magnífico periodista y compañero en la Cadena Ser de Andalucía. Ambos nos habíamos compinchado para testimoniarle el homenaje que todavía hoy le niega el club al que entregó sus tardes de domingo y las frías noches de los miércoles coperos. Fue un verdadero placer. Aprendí lo que es el amor a unos colores, perseguir un sueño que ahora por fin tiene visos de hacerse realidad. Por eso, no es el momento de partir. Aún no. Y este partido sí que lo tenemos que ganar, Miguel.

2 comentarios:

MABS dijo...

Magnífica columna, Eugenio, preciosa. Enhorabuena y gracias.

Miguel Doña Jr. dijo...

Hola Eugenio: Soy Miguel Doña Ramírez. He leído; toda mi familia ha leído, todo Jerez ha leído el artículo que has dedicado a mi padre Miguel Doña López-Cepero en “La Voz”. Él también lo ha leído… Sentado en el sillón de esa maldita habitación 319 de cardiología, con la mirada perdida, rebosando de calmantes y tratamientos para el corazón, ha dejado caer una furtiva lagrima que presuroso ha intentado disimular. Pero no; le ha faltado tiempo y entereza para ocultarnos que le has emocionado, que nos has emocionado a todos. Miguel Doña estuvo desde que tuvo uso de razón, con su padre (mi abuelo) detrás de las taquillas del Xerez C.D. Combatió embargos, directivas de turno, el cambio al euro, la incorporación a las nuevas tecnologías. Y con el aprendimos a cuidar honradamente los dineros del equipo, mimando a los aficionados que cada fin de semana asomaban por la Taquilla, con impoluta reputación. ¡Que no faltara una peseta! Nos hicimos amigos de los xerecistas que penábamos por divisiones remotas, viendo holgados en la tribuna solitaria del Domecq, del campo de la Juventud, de El Palmar o del Chapín, con todos mis respetos, al Onteniente o el Vinaroz. Adivinábamos la marcha del partido por los gritos de la afición, cuando aun no habíamos cuadrado la caja y no podíamos ver el partido. Abrimos los paraguas en tardes frías de derrotas y desilusiones. E hicimos tantos kilómetros juntos, después de ver un partido fuera... A veces en campos de tierra, pasando desapercibidos entre los aficionados exaltados del equipo local. Luego, en el coche, oíamos en Carrusel que el “Lalín” había ganado su partido. (Un Lalín que siempre ganaba pero nunca ascendía, no se por qué…). Sin embargo, un día entresemana a mediados de una liga, recibió una llamada desalmada del club, en la que le dijeron que no fuera nunca más a su labor de los domingos. Pero si él no ha querido hablar de eso, yo tampoco…
Lo que sí quería era agradecerte que te hayas filtrado en la microhistoria del Club y te acuerdes de mi padre. Ayer le ganamos al Elche, y el sonrió. ¡Qué equipo tenemos! dijo, aunque minutos mas tarde el deterioro cognitivo le hizo volver a su obsesión constante: salir de la Residencia para tomarse media botella de La Ina, o mejor un “bocoy” de 500 litros. Y nosotros nos reímos delante el. Después, salimos de la habitación y suspiramos en el pasillo para que su Virgen de la Piedad le conceda una prórroga en este crucial partido de la vida. Y que pueda, como dices, beber dulcemente el maná del Xerez en Primera División, que ya bastante hemos sufrido. Pero para eso tiene que ganar este partido contra el mal de su corazón. Un corazón que los médicos estudian con atención, porque no se explican como ha podido surgir el milagro: cuando vieron las pruebas, descubrieron que no era rojo, como el de todos los mortales, sino Azul y Blanco. Los colores de su equipo, los colores del Xerez C.D... Gracias Eugenio. Gracias, Jerez…