domingo, 27 de octubre de 2013
Nueva dirección Blog: www.eugeniocamacho.blogspot.com
Hola a todos:
Después de un tiempo inactivo, he decidido desempolvar mi blog, pero lo haré reorientando su contenido hacia lo que más me llena ahora mismo profesionalmente, "Hablar en público: la herramienta que nos diferencia".
A todos los que os interese la comunicación, y más concretamente la posibilidad de hablar y comunicar con eficacia, os invito a visitar mi nuevo blog. En él abordaré todas las cuestiones relacionadas con esta materia, la importancia de la marca personal, cómo acometer un plan de comunicación, la buena utilización de las redes sociales...
www.eugeniocamacho.blogspot.com
sábado, 8 de septiembre de 2012
Miopía pueblerina
MIGUEL Recio fue un excelente guardameta de los setenta y ochenta. Aunque nacido en Sanlúcar de Barrameda, se dio a conocer en el equipo del Cádiz que ascendió a Primera división en la 80-81. Su aportación fue clave en el éxito de los amarillos aquella temporada, siendo fijo en las alineaciones durante la mayor parte del ejercicio. Sin embargo, una declaraciones sacadas de contexto le apartaron del equipo en las últimas jornadas, y la gloria de la foto de la formación del ascenso en Elche se la llevó Bocoya, un ceutí que en la temporada siguiente seguiría defendiendo el marco cadista en Primera división.
De haber podido debutar y tener cierta continuidad en la máxima categoría de una Liga marcada por la cercanía del Mundial 82, Recio pasó a firmar por el Xerez que, de la mano del húngaro Dunai, comenzaba un nuevo proyecto en Segunda B. Pronto se demostraría que la categoría le quedaba pequeña al meta sanluqueño, que con sus grandes actuaciones contribuyó decisivamente al ascenso a Segunda junto a los Rivas, Perdigones, Pozo, Diánez, Francis, Cabral, Mansilla o Eloy.
Recio estuvo otras tres temporadas más, casi siempre como titular, en el viejo estadio Domecq. Allí se ganó el cariño de una afición que, treinta años después, aún le recuerda. Lo mismo deleitaba a la grada con sus paradones y su solvencia en el juego aéreo, que batía con maestría el portal contrario desde el punto de penalti, otra de sus especialidades.
Ahora, cada vez que paso por la tienda de deportes que regenta en la Calzada del Ejército de Sanlúcar, entro a verlo y hablamos de fútbol y de recuerdos en azul y sepia.
Afortunadamente, antes no existía la miopía pueblerina que hoy afecta a más de un aficionado que se refugia en pintadas anónimas y cobardes. Nadie hubo aquél verano del 81 que se rasgara las vestiduras porque un jugador cambiara el Cádiz por el Xerez. De la misma forma que nadie en Carranza se hizo el harakiri porque tres jerezanos -Choquet, Dieguito y Francis- recalaran en el club amarillo para dar sus mejores años de fútbol en Primera división.
El espíritu de la España profunda de Puerto Hurraco se traslada a Jerez en pleno siglo XXI para vetar el fichaje de un futbolista cuyo único delito es haber disputado 31 partidos con el Cádiz hace siete temporadas.
Quiero pensar que la demora a la hora de decantarse por una de las opciones para la portería sólo obedece a querer darle más tiempo a Fernandes para que demuestre sus cualidades. Entiendo que las pintadas impresentables de Chapín no deberán influir en el ánimo del director deportivo y el cuerpo técnico. Supongo que el pasado cadista de Raúl Navas no influirá en una decisión tan delicada como la elección de un guardameta de garantías. De lo contrario, la miopía pueblerina no se limitará sólo a unos cuantos burros. Y eso ya me preocupa mucho más.
sábado, 10 de marzo de 2012
Lesma, déjalo

"Escándalo", "robo", "polémica", "atraco", son los términos que suelen acompañar las crónicas de los partidos que dirige José Luis Lesma López (Madrid, 21 de abril de 1976). Pruebe si no a teclear en Google "Lesma López escándalo arbitral" y lo comprobará.
Después de tantos años viendo fútbol, lo de hoy en Gerona no es sólo una tarde aciaga de un árbitro del fútbol profesional, de la mejor liga del mundo, de la liga de la selección campeona del fútbol. Lo de Lesma López lleva coleando desde hace años, pero el colectivo arbitral mira para otro lada para mayor desgracia de nuestro envidiado campeonato balompédico.
Lejos de considerar este artículo una incitación a la violencia, lo que sí me lo parece es la designación cada fin de semana de este señor para dirigir espectáculos deportivos de masa.
El Xerez sufrió también otro escarnio similar el pasado año en Valladolid, pero con ello no quiero decir que Lesma sera una amenaza para ningún equipo en concreto, sino para el fútbol en general.
Me resisto a pensar que los insufribles conciertos de pito del colegiado madrileño sean fruto de la mala suerte o la casualidad. Lo de este señor es una práctica muy habitual que maldita la gracia que le hace a nuestro fútbol.
Una cosa es el pobrísimo nivel del arbitraje español, agravado según se desciende de categoría, y otra tropezar una y otra vez en la misma piedra y a sabiendas.
Si Victoriano Sánchez Arminio, presidente del Comité Técnico de Árbitros a perpetuidad, tuviera un mínimo de decoro o de dignidad, que a estas alturas es mucho presuponer, presentaría su dimisión de manera fulminante por reincidente nada más ver el video de las jugadas polémicas del Gerona-Xerez.
Un partido que se suma al Betis-Salamanca de la pasada temporada, en el que anuló un gol legal de manera escandalosa a los salmantinos en el último minuto; al Granada-Celta de la promoción de ascenso a Primera, en el que también se erigió en tristísimo protagonista; el Las Palmas-Deportivo de este año, en el que se inventó una pena máxima que dio el triunfo a los poderosos coruñeses, o el Castellón-Murcia de la 2008-09 en el que fue decisivo en la derrota de los pimentoneros.
Por muy corrompido que esté el estamento arbitral, donde los méritos que suman no son la capacidad y el acierto, lo de Lesma López hay que pararlo ya de una vez por todas. De lo contrario, a lo peor una tarde de éstas el vaso de la paciencia rebosa y estaríamos hablando de algo impropio de un acontecimiento deportivo.
sábado, 19 de noviembre de 2011
Una de tortilla sin huevos

ERA algo así como un cuarto de kilo de ambición, medio de sentimiento azulino, fuerza, ilusión, motivación y alegría. Con todo esto se hacía un sofrito y luego el ingrediente estrella eran los dos huevos que debía echarle la plantilla. Mira cómo me río: ¡ja! Espero que se le ocurriese sólo al responsable de márketing, si no el grado de cinismo de los del calzón corto llegaría a límites insospechados. Tres meses después, y visto lo visto, la conclusión es que el pobre Óscar Díaz no se va a ganar la vida como cocinero, pero mucho menos como futurólogo.
Siendo sinceros, todos deberíamos asumir la responsabilidad por haber mirado con lupa el trabajo del director deportivo y los entrenadores que han pasado por Chapín en los últimos meses, mientras que los jugadores miraban para otro lado como si la cosa no fuera con ellos. Aquí se ha puesto en cuestión la valía de Emilio Viqueira en los despachos, la capacidad de Juan Merino y la alegría de Javi López en el banquillo, la lealtad de los consejeros y hasta la ética profesional de los administradores concursales. Sin embargo, no he escuchado una palabra más alta que otra con respecto al grado de compromiso y la profesionalidad de los que al final tienen que plasmar sobre el campo lo trabajado fuera de él.
Hemos estado tan obcecados en analizar con lupa al técnico de turno, que ni hemos reparado en la falta de carácter de una plantilla sin alma. Y si lo hemos hecho, también se lo hemos reprochado al entrenador, por no haber sabido sacarle ese carácter que se le presupone a todo profesional.
Mi impresión, con lo visto durante la pasada temporada y lo que llevamos de ésta, pedirle a este grupo que eche lo que tiene que echar es como pedirle a una vaca lechera que embista como un Miura.
Por más vueltas que le doy, los motivos por los que quitaría de enmedio a Merino son pocos comparados con los que tendría para cargarme ahora mismo a más de tres cuartas partes de la plantilla actual. Por mucho que un entrenador dedique los días y las noches enteras a hacer su trabajo lo mejor posible -y me consta que Merino lo hace-, si después los que tienen que responderle se esconden, la misión se torna imposible.
Jamás vi a un equipo que dándolo todo sobre el campo le fuera siempre mal. Puede suceder puntualmente, pero con trabajo, constancia, esfuerzo y honradez, tarde o temprano la suerte cambia.
Merino es responsable del preocupante bache del Xerez, pero en la misma proporción que el resto del equipo, ni más ni menos. Por mi parte, el ultimátum sería para los jugadores, pero el topicazo de la cuerda amenaza con volver a repetirse.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Mejor así

LA mayor parte de los aficionados del Xerez vuelve a tener los pies en el suelo. Cinco jornadas sin ganar, en las que el equipo ha sumado tres puntos de quince posibles y se asoma al descenso, han bastado al respetable para comenzar a verle las orejas a un lobo que de momento no ha hecho más que aparecer en el horizonte.
El estado de levitación ha durado casi dos años y medio. El éxito del ascenso a Primera, tan justo en lo deportivo como irreal en lo institucional, alejó de la realidad a una hinchada que se pensó que esto era Jauja, y que los años de penurias en Tercera y Segunda B habían quedado definitivamente atrás para una entidad endeudada hasta las cejas y sin más patrimonio que su propia afición.
Para no volver a caer en la mediocridad del pasado proyecto, en el que paradójicamente el sexto presupuesto más bajo de la categoría estuvo peleando hasta el último minuto por meterse en la liguilla a Primera, los protagonistas del nuevo acto, entrenador y jugadores incluidos, no han hablado de otra cosa que de ascenso. Lo de los 51 puntos, para los simplones.
Esto provocó que la primera pitada de la temporada llegase antes de la media hora del debut liguero en Chapín ante el Guadalajara, y que la parroquia haya recelado desde el principio de un técnico novel cuyo perfil no se ajusta al del profesional que debe abanderar un proyecto tan ambicioso.
Con el paso de las jornadas, el juego ha ido a más, pero los resultados a menos, y esto tampoco ha acabado de contentar a la grada. El año pasado no se jugaba a nada pero se ganaba. Este año se juega pero no se gana. El resultado es el mismo: la indiferencia. Pero a eso hay que sumarle la intranquilidad, porque de tanto mirar hacia arriba, se nos había olvidado cómo se las gastan los de abajo.
En adelante, es de esperar que la cura de humildad cale y que cuando cambie la suerte, que jugando de esta forma no debe tardar en hacerlo, los aficionados vuelvan a valorar lo bien que sabe sumar tres puntos de una tacada en Segunda División, se juegue como se juegue.
sábado, 21 de mayo de 2011
Irrepetible Antoñito

El arte, el duende y el genio son dones que concede Dios según su sabio criterio. Deben ser algo así como unas bolitas que el Creador lanza y a quien le caen le convierte en un ser especial, además de único e irrepetible como el resto de los mortales. Según dicen, al de arriba se le fue la mano con esta bendita tierra nuestra, cosa de la que no me cabe la menor duda.
Futbolísticamente hablando, Jerez ha sido una plaza propicia para que los que atesoraban ese don lo explotaran sin reservas. De los que he visto, me quedaría con el talento de Dieguito, Miguel y Francis Cabral, Torres, Chicha, Cakic ó Emilio Viqueira, aunque seguro que me dejo fuera otros muchos.
Mención aparte merecen otros jugadores que me han marcado y a los que situaría en otra dimensión. Ni mayor ni menor. Distinta. Me refiero a Eloy, Sanabria, Quini y Antoñito. Tan imprevisibles y geniales sobre el césped, como difíciles de llevar fuera de él.
Repasemos. Después de una temporada fabulosa, a Eloy se le acabó su buen momento en Jerez cuando hizo añicos y arrojó al retrete el dinero de una prima por no estar de acuerdo con el reparto.
Sanabria, al que todos recuerdan como un mago del balón reservado y en ocasiones mal encarado, le decía a sus compañeros antes de saltar a calentar cuántos goles marcaría esa tarde. Nunca se equivocaba. Si eran tres, tres; si dos, dos, y si no estaba ese día para nada, no estaba para nada.
El genio que llevaba dentro permitía a Quini compaginar goles de pañuelos con el lanzamiento de una bota a la cabeza de su entrenador, Chus Pereda.
Y así hasta Antoñito, que a pesar de su intermitente disponibilidad vive una segunda juventud futbolística desde que llegó al Xerez hace cuatro temporadas. Seamos claros, la innegable calidad del sevillano le permite resolver situaciones imposibles, y en Chapín lo hemos comprobado más de una tarde. Sin embargo, su calidad futbolística es tan incuestionable como su singular carácter.
El debate sobre si Antoñito sí o no es tan viejo como el fútbol. Como todos los genios, necesita sentirse querido e importante. Si no, desconecta y adiós. Así se ha tirado durante las tres cuartas partes del tiempo que lleva en Jerez, pese a lo cuál el del Polígono San Pablo ocupa ya un lugar destacado en la historia de la entidad.
Seamos razonables. Antoñito, como Eloy, Sanabria o Quini, nunca hubiera jugado en el Xerez si, además de jugar cómo los ángeles, hubiese hecho vestuario. Con todo, en el Xerez seguimos disfrutando de futbolistas irrepetibles, por irregulares y difíciles de entender que sean también.
sábado, 2 de abril de 2011
El amo imprudente

Busco en el refranero español una frase relacionada con la prudencia y encuentro ésta: "El amo imprudente hace al mozo negligente". Dijo el otro día el flamante presidente del Xerez, Antonio Millán, que "podemos, debemos y tenemos la obligación" de entrar en la liguilla de ascenso a Primera división. No vamos a descubrir a estas alturas el prestigio profesional del nuevo mandatario xerecista. Licenciado, Doctor y toda una eminencia en Derecho Deportivo, su sola presencia en el club es garantía de estabilidad y coherencia y unidad, virtudes de las que tan huérfano ha estado el Xerez.
Sin embargo, Millán se mete en el mismo charco al que antes se lanzaron de cabeza, sin dudarlo, todos sus predecesores en el sillón presidencial. En general, a los presidentes de fútbol les puede la dichosa manía de sacar los pies del tiesto y meter las narices donde nadie les llama. No entienden o no quieren entender que las opiniones que emitían como aficionados cobran ahora una inusitada trascendencia porque cuando hablan lo hacen en nombre de la entidad que presiden.
Salvo honrosas excepciones, el que uno sea presidente de un club no significa que lo sea por entender más que nadie de este deporte ni tener el don de la infalibilidad, más bien el contrario. Ejemplos como los de Gil y Gil, Caneda, Lopera, Piterman o, para no irnos tan lejos, Joaquín Bilbao así lo atestigüan.
Afortunadamente, el refrán esta vez no ha dado el clavo, a juzgar por la respuesta de Juan Luis Redondo. Lejos de mostrarse negligente o falto de aplicación, el veterano lateral es el claro ejemplo de que el plantel tiene los pies en el suelo. Sentenciar que el ascenso "es importante, pero no una obligación" es una forma de poner a cada uno en su sitio.
Seguro que Antonio Millán, que ha pagado la novatada porque es más inteligente y prudente que su desliz haya podido hacer ver, habrá tomado buena nota y se cuidará mucho de dejar que sean los responsables de la parcela deportiva, los propios futbolistas y, sobre todo, el tiempo los que evalúen las posibilidades y aspiraciones del equipo.
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